El árbol de la vida

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Si existe un árbol que se haya ganado a pulso el título de árbol de la vida es, sin ningún tipo de duda, el olivo. En papiros del antiguo Egipto, en la Biblia, en el Corán y en otros libros sagrados se hallan múltiples referencias al valor, importancia y simbolismo del olivo. La vida del hombre se ha desarrollado paralelamente, a la evolución del cultivo del olivo. Muchas han sido sus utilizaciones : una ramita de olivo es símbolo de paz; el aceite de oliva se utilizó como ungüento curativo y cosmético; como fuente de luz prendió mechas y llenó lucernas, iluminando durante la Edad Media monasterios y catedrales. Los frutos del olivo se encuentran en las mesas del mundo entero y el aceite de oliva es, desde siempre, uno de los pilares de nuestra alimentación mediterránea.

Cultivo del olivo

La extensión del cultivo del olivo, está limitada por el frío debido a que apenas resiste temperaturas inferiores a -12º C, en cambio es capaz de soportar de manera estoica sequías excepcionales y vientos fuertes.En toda la cuenca mediterránea, el olivo es un árbol común porque requiere un clima caracterizado por inviernos suaves, otoños o primaveras lluviosas, veranos secos y cálidos y además con una gran luminosidad. En la zona mediterránea los olivos presentes son árboles pequeños, de raíces múltiples y extensas, que van a buscar en la profundidad las reservas de agua que el suelo contiene, compensando así la falta de riego.

Son árboles excepcionales que aceptan grandes calores secos en verano. Sus frutos solo maduran tras los meses cálidos y su recolección se verifica en otoño o incluso en invierno.El olivo produce más en suelos francos, sin embargo en los suelos de sierra da aceites más finos y afrutados. Aunque las calidades de los suelos sean variables, el olivo se adapta bien a la mayoría de ellos.Necesita una media de temperatura anual comprendida entre 16 y 22º C. Aún así, las heladas no le perjudican siempre que no sean inferiores a -7º C, que no sean prolongadas y que el árbol no se encuentre húmedo.

Crece hasta una altura de 400 a 600 m. Sobre el nivel del mar, en terrazas abrigadas y orientadas al Sur.Hay excepciones, puesto que en Sierra Nevada se encuentra a 974 m., pero en general, prefiere las regiones templadas que acaricia el mar.

Es el árbol más típico del Mediterráneo y su zona de cultivo marca el límite de este clima que, en ocasiones, se ha denominado con el nombre de “clima del olivo”.
Desde tiempo inmemorial, el olivo ha tenido gran importancia en la economía y la cultura de la cuenca mediterránea. Ecológicamente es útil para la conservación del suelo y en algunas áreas marginales es, a menudo, la única forma posible de agricultura. Requiere una mano de obra numerosa y contribuye de esta manera a estabilizar el empleo en el campo.

El olivar agradece las siguientes prácticas de cultivo:

  • Una o dos cavas bastante profundas, de 25 cm. En primavera y otoño. Una o dos cavas bastante profundas, de 25 cm. En primavera y otoño.
  • Un abonado en septiembre y octubre acompañado de superfosfato.
  • Tratamientos parasitarios preventivos.
  • Una poda de formación para darle un porte equilibrado.
  • Una poda de fructificación para armonizar la producción de ramas de renuevo y de frutos.
  • Una poda de renovación, mucho más drástica, que se suele emplear cuando el árbol ha sido dañado por heladas, incendios o cuando se abandona su cultivo durante años.

El olivo posee una característica botánica importante y es que la época de crecimiento de sus ramas va desde el mes de abril hasta finales de octubre. Se ha de tener en cuenta que desde agosto el ritmo es más lento por el calor y la falta de lluvia. A partir de noviembre entra en el reposo invernal hasta enero. Entonces empieza el movimiento de su savia y el árbol comienza a “transmitir” las órdenes para que sus brotes evolucionen y se conviertan o en ramas o en flor (que posteriormente serán frutos). Por este motivo, los frutos del año no estarán en las ramas del año, que aparecen en abril, sino en las ramas que crecieron el año anterior. Este fenómeno, denominado vecería, explica en parte esa alternancia en la producción del árbol que unos años da mucha cosecha y otros poca.

Ya lo dicta el refrán: “Fortuna y aceituna, a veces mucha y a veces ninguna“.