Historia

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Siglos de tradición

Cuenta la leyenda que en el Olimpo de los dioses surgió una disputa entre el dios Poseidón y la diosa Atenea a propósito del señorío de Ática. Zeus estableció que se lo daría a quien le presentara el don más útil para la humanidad. La disputa se resolvió a favor de la diosa cuando ésta presentó una ramita de olivo afirmando que se convertiría en fuerte árbol, capaz de vivir por los siglos de los siglos, y que no solamente sus frutos serían buenos para comer, sino que, además, se obtendría de ellos un líquido extraordinario que serviría para aderezar el alimento de los hombres, aliviar sus heridas, dar fuerza a su organismo y luz a su noche.
Ramas de olivo se encontraron en las tumbas de los faraones del antiguo Egipto, una rama de olivo fue el símbolo de la Hispania Romana, en la que Andalucía se descubrió como una de las mejores tierras del mundo para su cultivo.
Hoy, dos mil años después, seguimos cultivándolo y obteniendo sus frutos tal como ellos lo hacían.
En el corazón de estas tierras la vida transcurre al ritmo de los olivos: ciclos pausados y regularmente acompasados. En Dcoop no existen las prisas estamos obligados a producir los mejores zumos de oliva y aceitunas de mesa del mundo, así lo hemos heredado de nuestros antepasados y así se lo cederemos a nuestros hijos. Es el legado que nos dejaron los dioses.
Como herederos de esa tradición, en la Cooperativa Dcoop queremos difundir la cultura del aceite, el olivo y la aceituna, por eso contamos en nuestras instalaciones con el Museo Dcoop que recoge molinos, aperos y utensilios que se han usado en la oleicultura a lo largo de la Historia. Conozca nuestros molinos del siglo I, XVII y XIX y haga un paseo por el mundo del aceite en la Antigüedad.

Puedes conocer más sobre la historia de Dcoop pulsando aquí.

Historia

Puede que los olivares españoles alberguen árboles nacidos de antiguas cepas importadas por los viajeros fenicios desde el levante mediterráneo. Lo que sí sabemos con certeza es que los romanos impulsaron el avance de la olivicultura y durante los siglos I y II d. C. el aceite de oliva de Hispania fue exportado en ánforas de arcilla a todos los rincones del Imperio.

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Los árabes aplicaron sus vastos conocimientos a mejorar el rendimiento de los olivares españoles y de su idioma nos legaron vocablos como almazara, acebuche e incluso el mismo nombre de aceite, en árabe az-zait. Fue en el siglo XIX cuando el número de hectáreas dedicadas al cultivo del olivo aumentó de forma espectacular, correspondiendo a Andalucía el 90% de la superficie olivarera. Entonces se sentaron las bases que han hecho posible que nuestro país sea, en la actualidad, el primer productor mundial de aceite de oliva virgen extra.

Origen histórico

El olivo, protagonista indiscutible de la agricultura mediterránea, tiene una larga historia que va unida a la evolución de la especie humana y de los cultivos -que como el trigo y la vid- han sido básicos en la alimentación de los pueblos bañados por el Mare Nostrum (Mar Mediterráneo). La especie Olea europaea a la que pertenece el olivo, tiene un origen híbrido. Posiblemente es el resultado del cruzamiento de especies próximas a él como: el Olea africana, originario de Arabia y Egipto, el Olea ferruginea, procedente del área asiática y el Olea laperrini, procedente del sur de Marruecos. Lo único que está claro es que en algún momento de la historia surgió un milagro: del entrecruzar de especies nació un árbol, el olivo y que con el transcurrir del tiempo llegaría a ser un árbol sagrado y mitológico. Los fósiles de hojas encontrados en el sur del archipiélago cicládico son el testimonio de que el progenitor del olivo existía ya en el Paleolítico, 35.000 a.C. Los restos más antiguos encontrados en España son los de El Garcel (Almería), y datan del Neolítico (5.000 a.C.).

Aquel primer olivo, muy posiblemente, tuvo una forma parecida a la salvaje o no domesticada, que hoy conocemos como acebuche y que científicamente se corresponde con la especie Olea europaea variedad oleaster. Los análisis paleobotánicos más recientes afirman que el olivo estuvo presente en su forma silvestre a todo lo ancho de la cuenca mediterránea; desde El Garda, límite norte del cultivo donde se encontraron vestigios de la Edad del Bronce, hasta Marruecos, extremo sur donde los yacimientos de Grotte Rassel atestiguan que el acebuche existió en el norte de África desde el XII milenio a.C. Otras teorías afirman que el progenitor del olivo apareció mucho antes. En el Villafranquiense según unos y en la Edad Terciaria según otros, llegó al Mediterráneo, se expandió y creció de manera espontánea por las orillas de nuestro preciado Mar.

Origen del cultivo

Aproximadamente la domesticación del olivo silvestre, y su consiguiente explotación por el hombre, se produjo a principios del Neolítico, hacia el 6.000-5.000 a.C., y, posiblemente, en la zona del origen de la especie, el área sirio-iraní del Asia Menor.

Otra teoría habla de que el inicio del cultivo del olivo se produjo en la misma zona pero más al borde del Mediterráneo, en las costas del Líbano y Palestina. Las colonias fenicias allí instaladas debieron ser las que por primera vez en la historia domesticaron y adaptaron al cultivo el olivo silvestre.

Todas las teorías coinciden en aceptar que la expansión del cultivo en el Mediterráneo fue consecuencia de la extensión de la cultura de oriente hacia occidente.

Primeramente serían las costas de Egipto, la isla de Creta o alguna isla del archipiélago helénico. Posteriormente, Grecia continental y Sicilia, desde donde se propagó el cultivo por toda la Península Itálica. Los fenicios, desde sus colonias más occidentales instaladas en el norte de Túnez, se encargaron de difundir el cultivo del olivo a través del occidente mediterráneo. A finales del segundo milenio el cultivo del olivo se había extendido ampliamente por Asia Menor, Siria, Líbano, Palestina, Egipto y el Archipiélago Helénico. Restos arqueológicos de antiguos molinos encontrados en Egipto, Creta y Palestina revelan que las técnicas de extracción eran ya bien conocidas y empleadas a finales del II milenio.